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martes, 6 de marzo de 2012

ANDALUCÍA





Cuando la Sra. Laura Gómiz dijo a su subordinado honrado: "si me comprometiera con la ética no estaría trabajando con esta organización", estaba -sin ella saberlo- sintetizando en una frase lapidaria lo que es y representa el régimen andaluz, reflejado en la Junta de Andalucía: un monopolio clientelar y corrupto al margen de la justicia y de la ética. La expresidenta de Invercaria, que cesó de su cargo el 21 de febrero, aduciendo "motivos personales", -una vez destapado el asunto- y que ignoraba que sus conversaciones eran grabadas para formar parte del sumario judicial que investiga la juez Alaya, afirmaba lisa y llanamente que no se puede trabajar para un régimen corrupto si se tienen principios éticos. De lo que se deduce que para trabajar a ese nivel en la Junta de Andalucía, hay que trampear, encubrir, mirar para otro lado, eso sí, sin olvidar a los amigos "proletarios" del partido, como clientes preferenciales de prebendas, y saber utilizar la mano derecha para taparse la nariz y no oler a podrido.
Pero afortunadamente para nuestra sociedad, siempre hay personas íntegras, con principios morales, honestas y veraces, que no inclinan su cerviz, frente a jefecillos despojados de autoridad, perdida en la ignominia de sus acciones y que solo se hace valer frente a sus subordinados con la amenaza de expulsión, pérdida del trabajo y otros males. Uno de ellos es el Señor Cristóbal Cantos Sánchez, gracias a hombres como él nuestra tierra tiene un atisbo de esperanza y regeneración; por él conocemos este caso y a él hay que agradecerle el conocimiento público del caso al negarse hacer falsos expedientes para ocultar las irregularidades cometidas por esta agencia pública de la Junta de Andalucía.No es de extrañar que ante la dificultad de encajar en la legalidad (a posteriori, claro) ciertas operaciones denunciadas en enero por la Cámara de Cuentas de la Comunidad, la citada Sra. Gómiz, le dijera a su interlocutor que el modus operandi de Invertaria no respondía a ningún procedimiento administrativo porque "no había ningún procedimiento". Por tanto, tampoco había criterios previos para fijar el destino de los fondos. O sea,  vía libre para el ejercicio de la discrecionalidad a la hora de distribuir las ayudas o las participaciones empresariales que, de ese modo, podían acabar favoreciendo al amigo, al familiar, al compañero de partido; eso se llama nepotismo, clientelismo, etc. 
Pero más allá del dinero prestado sin control ni "criterio" (la Cámara de Cuentas detectó este tipo de créditos irregulares por importe de, al menos, 50 millones de euros), el saldo es demoledor. A lo largo de los últimos cuatro ejercicios, los números rojos de Invercaria superan los 30 millones de euros. Solo en 2010, las pérdidas ascendieron a 11 millones, casi un 60% más que en el año anterior, cuando se situaron en siete millones. Hasta 2008, Invercaria había sumado un resultado negativo de dos millones. Y aunque las cifras de 2011 aún no están cerradas, a juzgar por la evolución de sus empresas participadas, no serán mejores que las anteriores.
Pero con ser grave la ausencia de la ética en la esfera del poder político, y los resultados económicos catastróficos, no mas grave es -según confirma la gravación por boca de la Sra. Gómiz- el conocimiento de los hechos delictivos y corruptos por parte de "los de arriba". Aquellos que deben ser ejemplo de limpieza y honestidad, son los más pringaos y es por mandato expreso de ellos y con su consentimiento, como se lleva a cabo la corrupción. Es evidente la deslegitimación del Sr. Griñán como postulante a liderar un proyecto político, si se demuestra la veracidad de las cintas grabadas. Debería dimitir, pero no lo hará, porque no es costumbre en su partido asumir responsabilidades políticas -desde los tiempos del felipismo-, y menos en la Andalucía de los Chaves y Zarrías, y aún menos con una campaña en la que el líder socialista trata de amortiguar el batacazo en las urnas.
No está demás recordar que la corrupción es el cáncer de la democracia y de la credibilidad de la clase política. La fe en el democracia se tambalea y la participación en las urnas se resiente. En Andalucía llevamos treinta años de régimen socialista, lo cual por la naturaleza de las cosas, crea una red clientelar que pone en tela de juicio su legitimidad democrática.La alternancia en el poder no sólo se hace condición suficiente, sino necesaria. Por eso pese al PER, los ERE, la compra de voluntades sistemáticas, el control férreo de los medios de comunicación, etc, jamás los aires de renovación fueron tan fuertes. Como andaluz comprometido, invito a mis conciudadanos a reflexionar seriamente sobre los graves problemas de nuestra tierra y a castigar con nuestro voto el 25 de marzo a estos políticos que no nos merecemos. Es mucho lo que nos jugamos en las próximas elecciones, por eso hay que participar y creer que hay otra forma de hacer política. Desalojemos a los socialistas del poder, que han sabido utilizarlo exclusivamente para su propio provecho, y que no vuelvan por muchos años y si vuelven que sean otros. ¿Quiénes son los señoritos de Andalucía? Hagamos reflexionar a la izquierda, que cree que el poder es suyo por derecho propio y que sólo admite la democracia mientras sirve a sus fines. No nos engañemos, creyendo que todas estas algaradas callejeras es por la calidad de la enseñanza, la calefacción de un instituto, la reforma laboral o el copago, no,  -queridos lectores-  es por Andalucía, porque para ellos perderla es condenarlos a una larga travesía por el desierto. Dejemos que la justicia haga su trabajo. !Ah, y que devuelvan hasta el último céntimo que se han llevado de dinero público!.

















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