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martes, 28 de enero de 2025

Fenomenología del hecho religioso



Filosofía y Ciencia son dos tipos de saberes diferentes tanto por su objeto como por su método. La  validez de ambos saberes puede ser contrastada a través de la experimentación empírica aplicando el método hipotético deductivo para la ciencia, y el método introspectivo para la filosofía. Junto a estos dos ámbitos de saberes hay un tercero que corresponde a la Religión, que se centra en el significado de la vida humana y en las preguntas que plantea. La naturaleza no es sólo la realidad referencial con la que se relaciona el hombre desde un saber  utilitario e inmanente, marcado por la curiosidad y la evaluación, sino que aparece también como una realidad prepotente y absoluta que suscita admiración y temor, fascinación y reserva. La religión pretende ofrecer una interpretación global del hombre, como la filosofía, pero sin dejarse limitar por la racionalidad y la inmanencia. De ahí que se postule una comprensión original de la realidad misma,  definiéndose como creación en las religiones bíblicas, y se busque una referencia trascendente y divina para explicarla. La no fundamentación del mundo y del hombre, su contingencia, lleva a buscar una referencia última, absoluta, desde la que explicarla y relacionarla con el hombre.La persona interpreta la realidad en su doble nivel ontológico y epistemológico para desde ahí ofrecer un sentido a su existencia. En este sentido, la religión implica siempre extrapolación, un ir más allá de los límites (de la razón, del mundo, de la historia) que no puede justificar la racionalidad filosófica. No se asume simplemente la finitud y la contingencia como dimensiones fácticas de la vida humana, sino que se busca darle un fundamento y significado, más allá de la realidad material, de lo limitado y finito, de lo mortal y perecedero. La pregunta por el significado de la vida humana no sólo desborda los límites del cosmos y de la vida terrena, sino que es motivada y canalizada más allá de la razón. La religión es hija del deseo, de la carencia y de la esperanza, y no sólo una construcción de la razón. No es necesariamente anti-racional, pero tampoco permanece dentro de los límites de la razón, aunque ofrece a ésta tópicos y  problemas a discutir. 

Se puede comenzar con la pretensión religiosa de una experiencia en la que la divinidad se revela, lo cual implica problemas epistemológicos y ontológicos, de comunicación, verdad y validez. En el caso del cristianismo la implicación de la razón en la religión fue más fuerte que en otros contextos culturales, porque los cristianos se presentaron en la sociedad romana como representantes de la verdadera filosofía ante una cultura marcada por el logos (razón) de la cultura griega. Es bien conocida además la importancia de la cosmología y de la ética para las cosmovisiones religiosas, tanto como  la misma filosofía. De ahí, la necesidad de la teología y la filosofía de la religión, que clarifican los presupuestos filosóficos de los mismos pronunciamientos religiosos, así como también la crítica teológica de las distintas escuelas filosóficas, que ha servido de inspiración a la misma filosofía. Este es el núcleo de la ‘fides quaerens intellectum’ (la fe que pregunta al intelecto) anselmiana cuyos efectos duran hasta hoy en Occidente, mezclados e interaccionando ambos ámbitos de saberes y creencias, como ocurre también entre la filosofía y la ciencia. 

Los primeros elementos de la conciencia religiosa son los símbolos, las imágenes y las narraciones míticas. Las religiones utilizan imágenes antropomórficas, naturales y totémicas con las que expresan sus creencias animistas, espirituales y ultra-terrenales. Las tumbas y los enterramientos son escenarios cualificados para captar la dimensión religiosa del hombre, muy unida a la estética. Hay temor, asombro, esperanza y ansias de pervivencia que se canalizan en lo religioso. Si el temor hace a los Dioses (Cicerón), también éstos hacen a los hombres temerosos, vinculando religión y magia, rituales simbólicos y técnicas primitivas de comunicación e intercambio. La proyección de la subjetividad en la religión tiene como contrapartida el troquelado de la conciencia en función de las creencias, símbolos e imágenes de la religión. No se trata sólo de que la religión sea la cristalización de la conciencia social, en la línea de Durkheim, sino que la misma conciencia personal vive de significados y símbolos que aporta la religión, junto a otros saberes. Las metáforas, los conceptos, los símbolos y las imágenes son los instrumentos de la comunicación humana en general y la religiosa en particular. La mente humana se va haciendo cada vez más compleja y la conducta más diversificada, a partir de una cultura naturalista. En ella se une el saber instrumental técnico científico, el comunicativo cultural, la reflexión crítica y abstracta de la filosofía, la expresividad estética y el deseo y la creencia religiosa.

El lenguaje religioso no puede apelar, como la ciencia, a un saber verificable, sino que se basa en un lenguaje simbólico, expresivo y comunicativo, que, en última instancia, remite al testimonio (narración y expresión) y a la experiencia personal, que pretende hablar con y en nombre de Dios o los dioses. Por eso, el lenguaje religioso tiene pretensiones de sentido y significación, vincula la ética al presunto sentido del hombre en la historia y el mundo e interpreta los acontecimientos en función de esa relación con lo divino. Los diversos tipos de religiones dependen precisamente de cómo se concibe la relación con la divinidad en el contexto de las diferentes tradiciones culturales, es decir, de cómo se articulan la inmanencia y la trascendencia divina en relación con el hombre y el mundo. Dios, mundo y hombre son el objeto de la reflexión filosófica y de las creencias religiosas.Los fenomenólogos de la religión subrayan que la jerarquización fundamental de la vida humana es constituida por la bipolaridad sagrado/profano, siendo lo sagrado lo no manipulable, lo intocable, en una palabra, lo absoluto. El hombre se relaciona con el ámbito de lo sagrado o de lo santo, en el que se dan representaciones e instrumentos de la divinidad. En las primeras experiencias religiosas como hierofanías. Pero las religiones no buscan simplemente describir la realidad y al hacerlo dependen de la ciencia y la filosofía, sino que la evalúan e indican cómo el hombre tiene que relacionarse con las distintas entidades. Las religiones no se quedan en lo racionalmente justificable o en su fundamentación, ya que son también el resultado de la decisión libre. Optan por un postulado y respuesta de sentido trascendente, en última instancia convincente y creíble pero nunca demostrable. Por eso, la filosofía y la religión han tenido una relación compleja y conflictiva, al menos en nuestra cultura occidental. La filosofía en cuanto saber reflexivo, crítico, racional e inmanente, que evalúa y analiza los otros saberes humanos, ha interpelado y, frecuentemente, descalificado la validez del saber religioso y las funciones ejercidas por la religión. El ateísmo y el agnosticismo son dos de las expresiones fundamentales de la impugnación de la religión, aunque ambas no se reducen a planteamientos filosóficos, sino que forman parte de una postura más amplia y existencial, en la que se combina tanto la justificación teórica como la actitud práctica. La fe no es algo puntual, aunque una experiencia concreta puede ser decisiva en la vida de una persona, sino que se inscribe en el entramado biográfico y procesual de cada creyente. En realidad tanto la creencia religiosa, como la increencia, en su versión agnóstica o atea, responden a un proceso existencial y no se reducen a la aceptación o no de una determinada prueba o justificación de la existencia de Dios.

Ante el fenómeno religioso nadie es neutral, ya que estamos condicionados por nuestra biografía personal y colectiva. En realidad, siempre estamos remitidos a un imaginario de sentido con raíces míticas, simbólicas y afectivas, que no sólo subyacen a las religiones sino también a las cosmovisiones filosóficas e incluso científicas. Podemos basar nuestro comportamiento en una comprensión no religiosa del hombre, en un humanismo de cuño científico y filosófico, pero esta cosmovisión humanista es tan mítica, infundamentada y en última instancia subjetiva como la religiosa. Podríamos afirmar que el ser humano siempre vive del mito, de comprensiones racionales, afectivas y simbólicas que le ofrecen sentido, orientación y pautas de conducta. Por eso, la respuesta de una persona religiosa al ataque de un humanista ateo, puede ser también la de “tu quoque”, porque, en cuanto animal que se hace preguntas, el ser humano siempre procede desde convicciones no demostrables y certezas subjetivas.
Otra cuestión diferente es que no todas las cosmovisiones son igualmente razonables, ni creíbles ni pertinentes, sobre todo en culturas como la nuestra que están marcadas por la racionalidad experimental científica y la reflexión crítica de la filosofía. En la religión no hay certezas sobre Dios, sino convicciones de fe. Toda religión consiste en un sistema de creencias, que pueden ser razonables y justificables, pero nunca demostrables. Nunca podemos demostrar que hemos llegado a lo último o a lo Absoluto, caso de que exista, y siempre hay que relativizar las representaciones que el hombre hace de ese presunto Absoluto, al que llamamos Dios. Todos los lenguajes sobre Dios son construcciones humanas, y, en última instancia, hay que cuestionar su verdad y pertinencia. No tenemos acceso al absoluto y siempre estamos mediados socioculturalmente. Por eso la distinción entre la búsqueda de la divinidad y ésta misma, implica una relativización de todas las religiones, sin que esto quiera decir que todas sean iguales. 
La fe no es simplemente creer aquello que no se ve, lo cual define una visión doctrinal de la religión, sino una actitud de confianza y de valoración positiva de la realidad a partir de las presuntas vivencias de la divinidad. Esta conciencia difusa a veces se presenta como una experiencia de conversión o como una comunicación singular con la trascendencia. Otras veces, en la mayoría de los casos, la fe se basa en la identificación existencial con una personalidad religiosa que ha generado o fundado una religión. En ella, se combina un argumento de autoridad moral que, en última instancia, es el seguimiento y la imitación del personaje fundador de la cosmovisión religiosa. Luego esa autoridad continúa en una jerarquía, que pretende ser prolongadora y guardiana de la obra del fundador, pero que obedece ya a un cambio de la perspectiva ejemplarizante y moral a la del cargo institucional.

La experiencia fundacional y constitutiva de la religión se transforma así institucionalmente y genera un conjunto de prácticas, ritos y creencias que determinan y objetivan cada religión. La razón cuestiona la cosmovisión religiosa, la analiza en sus pretensiones ontológicas y epistémicas, sopesa sus funciones y consecuencias sociales e indaga hasta qué punto es compatible con el saber científico y filosófico hegemónico en cada época histórica. Desde el punto de vista racional, hay que analizar la cosmovisión religiosa como una hipótesis que no puede ser demostrada, pero puede clarificar la existencia humana. Es una imagen del mundo analizable en base a su coherencia y cohesión interna, y a su capacidad para responder a las necesidades existenciales del hombre, de forma compatible con el saber científico y filosófico. Las creencias religiosas son indemostrables, pero pueden ser más o menos convincentes en cuanto que sus pretensiones de verdad aparezcan creíbles, plausibles y racionales, es decir, compatibles con los otros saberes. Si además son fecundas en cuanto motivadoras e inspiradoras de comportamientos humanos deseables y racionalmente defendibles, entonces podrían ser no sólo válidas sino recomendables. Normalmente, esas creencias vienen avaladas por personajes modélicos, con los que hay una identificación e imitación, lo cual remite a los componentes emocionales de adhesión a esa creencia.
Por eso, el saber religioso es frágil, dinámico, evolutivo y siempre precario. Las dudas de fe son inherentes a cualquier pretensión de trascender los límites de la relatividad humana y de haber alcanzado, de alguna manera, al absoluto. Naturalmente, esas dudas crecen cuando la fe no se inscribe en un entramado social, comunitario y eclesial, que facilite mantener y crecer en la religión. Es lo que ocurre en nuestra sociedad, donde la minoría creyente se encuentra crecientemente confrontada a una mayoría permisiva, pero en buena parte indiferente y claramente distanciada del imaginario religioso defendido por las instituciones religiosas. Mucho más cuando se da una privatización de la experiencia religiosa, una deseclesialización e institucionalización de la fe, y una pérdida de credibilidad y de plausibilidad de las creencias oficiales que sirven de referencia para evaluar la religión. 



Bibliografía


Para elaborar este artículo he utilizado literalmente la ponencia en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, CIENCIA Y RELIGIÓN, del 18 de septiembre de 2003, cuyo autor es Juan A. Estrada Díaz, Doctor en Teología por la Universidad Gregoriana de Roma y Doctor en filosofía por la Universidad de Granada, donde ejerció como Catedrático en el Departamento de Filosofía. Los subrayados son creación propia. 

Rudolf Otto, Lo Santo: Lo racional y lo irracional de la idea de Dios. Alianza  Ed. Las ideas teístas de Dios, singularmente la cristiana, definen a la divinidad mediante conceptos claros y distintos, así como a través de predicados pensados como absolutos, perfectos y sumos, característica de la religión racional que, sin embargo, no apura ni agota la esencia de la divinidad. Lo numinoso como  característica principal de la divinidad.

Mircea Eliade, un libro imprescindible para el estudio y relación del mito, filosofía y religión.



domingo, 19 de enero de 2025

El día del Señor




II Domingo del tiempo ordinario


Lecturas :  Is  62,  1-5  *  Sal 95  *  1  Cor.  12, 4-11  *  Jn   2,  1-11


Hoy, Día del Señor, celebramos las Bodas de Caná. Una magnífica manifestación de los comienzos de la vida pública de Jesús de Nazaret. Un Jesús humano, integrado en el ambiente de su gente y de su pueblo, -que le contesta a su Madre: "mujer aún no ha llegado mi hora" -pero que veremos más  tarde su desarrollo-.  A la vez un Jesús que da un paso más para manifestar su verdadera identidad y cumplir la misión que le ha sido encomendada por su Padre: la instauración del Reino de Dios.
Ya no se presenta como un particular que asiste a la boda de un amigo y comparte sus alegrías con él y con toda la familia, como habría hecho en otras bodas de su pueblo siguiendo la tradición judía. Ahora asiste con todos sus discípulos y su Madre para indicarnos el desarrollo institucional de su nueva misión en la tierra. Es un paso más para cumplir con la voluntad de su Padre y comenzar a desarrollar su vida pública anunciado su Palabra, y desvelar ser  la Palabra del Padre hecha carne.

Caná es una aldea de Galilea,  cercana a Nazaret. Allí se celebra la boda de este amigo como anfitrión de Jesús a la que asiste -como hemos indicado- rodeado por sus discípulos. En un momento determinado comienza a faltar el vino, porque se está acabando, por falta de previsión o porque tal vez hayan acudido más invitados de los previstos, manifiesta la angustia sufrida por su anfitrión ( hay que entender que una boda sin vino, no es una fiesta; la importancia del vino en las fiestas familiares de los judíos en el tiempo de Jesús, no podía faltar por ser  un producto esencial para la celebración ) El caso es que María, La Madre de Jesús, -como la llama siempre Juan en su evangelio- siempre atenta a las necesidades de los demás,  se da cuenta de este problema.  "Haced lo que él os mande". Más que un mandato es un ruego de la madre, que conoce bien a su hijo porque lo ha parido y ha convivido con Él. Es la confianza en la fuerza de la oración y de la fe que hace milagros y que enternece y transforma el tiempo y el proyecto de Dios cambiando sus planes, -nada más y nada menos- porque se lo pide su madre, a pesar de que "Todavía no ha llegado su hora" . Así comienza este prodigio, signo o milagro de la transformación del agua en vino.  Jesús ordena llenar las tinajas de agua que estaban preparadas para la purificación de los judíos, para ofrecer al novio el mejor regalo de un amigo, mostrando a su vez, el significado profundo de este milagro: la superación de la antigua Ley de Moisés y del mesianismo judío en el Antiguo Testamento como obsoleta e inservible, ante la Ley del Nuevo Testamento mediante el anuncio de la venida del Mesía en Jesús de Nazaret anunciando el Reino de Dios.

Jesús, mediante su predicación y sus obras, va manifestando progresivamente a lo largo de su vida pública, su identidad de ser el elegido, el escogido por Dios, para llevar a cabo su misión salvadora de la humanidad. Él es el esposo que trae "el nuevo vino" para una nueva boda de Dios con su pueblo basada en la Nueva Alianza. Que inaugura un nuevo rito para una nueva boda, donde estamos invitados todos los hombres seamos gentiles o judíos, como hijos de Dios. Una nueva época de salvación que revela un Dios todo Amor, Padre benevolente y misericordioso para con su nuevo pueblo.



jueves, 26 de diciembre de 2024

Dimensión teológica del pecado en el A.T.

 




Comenzamos este artículo por una elaboración histórica del pecado en el Antiguo Testamento. Israel consciente de una experiencia de Dios a través de la historia constata que el mal está en el mundo. El pecado ha hecho al hombre malo,  hombre creado por Dios bueno y gozando de todo lo creado por Él.
¿Cómo explicar la entrada del mal en el mundo?. Israel se vale para esto de su experiencia histórica y de ciertos mitos de su tiempo. El pecado entra en el mundo porque el hombre no ha sabido usar del bien de su libertad que Dios le ha dado. Así pues, el hombre pierde su amistad con Dios y como consecuencia de esto el orden y la armonía de la creación y del paraíso quedan rotos. Ahora bien, profundizando sobre esto, observamos que el pecado trae la alienación al hombre. Así en el paraíso, Dios pasa de ser Padre amoroso en contínuo diálogo con el hombre, a ser un Dios temor, un Dios lejano. Pero es más, el pecado ha alienado al hombre con respecto a a la creación: "Desde ahora por tí será maldita toda la tierra" ( Gn 3, 17 ). La explotación y la avaricia serán el denominador común a lo largo de la historia. La unión tan perfecta establecida por Dios entre el hombre y la mujer se convierte en un distanciamiento común, en un contemplarse desnudos, vacíos; la familia queda rota en sus pilares más fundamentales. El hermano odiará al hermano, este es el caso de Caín y Abel, crecerá la rivalidad  en el seno familiar la cual transcendió a los diferentes pueblos,  culturas y razas hasta llegar a no entenderse pues "hablaban diferentes lenguas"  ( Gn 11,7 ) La Torre de Babel,  es el signo  del hombre impotente, pecador, que quiere quiere llegar a ser como Dios. Este es en definitiva el pecado del hombre: pecado de soberbia de querer ser como Dios, y al final se queda en la nada. La impotencia, el desengaño, la desilusión y sobre todo la frustración de la persona que ha roto la alianza con Dios y se encuentra frustrada en lo más íntimo de su ser.
No obstante, junto a este panorama sombrío y de frustracción, el yahvista nos presenta algunos signos de esperanza y de luz. Esperanza que tendrá su culminación en la plenitud de los tiempos cuando la Segunda Persona de la Trinidad se haga hombre en Cristo-Jesús.


Seguimos nuestra breve exposición, para profundizar en la dimensión teológica del pecado. Podemos definir el pecado como la violación o transgresión de la voluntad de Yahvé, considerada no en abstracto sino en cuanto es expresada por la ley.  Algo importante de resaltar es que al comienzo el pecado no estaba unido al concepto de moral, pues se podía pecar aún no siendo consciente de que se violaba la prohibición. La sola transgresión material constituye ya un pecado. No se tenía en cuenta racionalmente el aspecto higiénico moral de la prohibición, solamente veían que era voluntad expresa de Dios y por eso la observaban. Todo pecado es considerado como una rebelión orgullosa contra Dios.
Al comienzo se distingue el pecado cometido contra Dios del pecado cometido contra los hombres, si bien esto desaparece puesto que es Yahvé mismo quien impone el respeto hacia la persona y los derechos del prójimo. De tal forma que todo pecado hecho contra los hombres es un pecado cometido contra Dios. Todo esto confirma el carácter de desobediencia a Dios que tiene el pecado en el A.T.
Por otra parte, el pecado ha corrompido al hombre y desarrolla en él las malas inclinaciones, lo que propicia nuevos pecados que no cesan de crecer, además de producir también la ignorancia y endurecer el corazón del hombre haciendo de él un ser miedoso, cuando debía de inspirar temor a todas las criaturas.

El pecado en la mentalidad israelita, es causa de enfermedades y muerte. De esto dan fe las consecuencias desastrosas que entrañan para Israel sus infidelidades. Además de poner obstáculos a los favores divinos y atraer la maldición sobre la tierra, el pecado crea un sentimiento de culpabilidad en el pecador, sentimiento que se traduce  como culpa en su corazón y le suscita sentimientos de angustia, cosa que le hace ponerse delante de Dios, reconociendo su culpa e implorando su misericordia para que le libre de los sufrimientos.
Una cuestión difícil que tratar es la solidaridad en el pecado. Sobre este problema existen dos tendencias: la doctrina individualista que afirma que cada cual paga por sus propios pecados. Y la colectivista que afirma que todo pecado individual tiene repercusiones que sobrepasan el círculo del individuo trayendo la ruina de todo el mundo (las catástrofes nacionales son una prueba inequívoca de esta tendencia, aunque en el tiempo de los profetas, especialmente en Ezequiel, se llegue a reafirmar la culpabilidad personal). Sin embargo, es sorprendente constatar, cómo a pesar de los progresos del individualismo se ha mantenido este sentido de la solidaridad en la falta y en el castigo.

Otro de los problemas que surgen en el A.T., es el de por qué Dios permite el pecado y quiere el eterno castigo de los pecadores. Los rabinos responden a esta cuestión poniendo la causa en la libertad humana. La doctrina predominante es que se puede unir a las demás, ve en el mismo hombre la causa propia del pecado: su mala inclinación, su concupiscencia, corazón maligno, ignorancia, etc. De todas formas es en la libertad humana donde está la raíz de todos los pecados. Dios no los ha creado.

Hay una fuerte tendencia a admitir que nadie está exento de pecado, sin poder confiar en ningún hombre, mientras está con vida. De aquí la abundancia de textos bíblicos: oraciones, penitencias y sobre todo los sacrificios de expiación, incluso de los más justos.. Si bien es cierto que había un número reducido que creían ser preservados de todo pecado por cumplir estrictamente la Torá (Ley). Ahora bien, cabe preguntarse ¿cómo han podido llegar a este sentimiento de santidad? Probablemente llevando al extremo dos de sus convicciones constitucionales: la fuerza de la libertad humana, y el efecto santificante del estudio. De todos modos,  esta actitud era de un número muy reducido, ya que la mayoría afirmaba al hombre pecador, cuya santificación estaba, a pesar de la afinidad de mandamientos a guardar, en el amor, único mandamiento para llegar a Dios.



jueves, 19 de diciembre de 2024

Presencia de MARÍA en las Sagradas Escrituras





MARÍA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO


Comenzamos estudiando el texto de Gen 3,15. Lo dividimos en tres partes:

"Pondré enemistad entre ti y la mujer"
"entre tu prole y la suya"
"la cual aplastará tu cabeza mientras tú acecharás su calcaño"

El estudio lo basaremos sobre cuatro puntos, exégesis, interpretación, sentido mesiánico, y sentido mariológico.


1) Exégesis.

La primera parte pone  clara la oposición de la mujer y la serpiente. En el contexto aquí es la mujer pecadora y la serpiente es la del contexto inmediato del yavista. La enemistad de la mujer y de la serpiente se continuará en sus respectivas descendencias.
La descendencia, que no se precisa cuál podrá ser, o bien una colectividad  (sedaq), o bien un solo individuo; por ejemplo en Gen 4, 25;  22, 13 es la que aplica la misma palabra hebrea para indicar la descendencia de un indivíduo, Gen 13 15 una colectividad así parece usarla en Gen 17, 7. 
Puede también entenderse en sentido moral, así parece usarla Is 1, 4  Son todos los significados que puede admitir la palabra hebrea sedaq.

La otra parte del versículo dice. "la cuál aplastará tu cabeza mientras tú acechas sus calcaños. La traducción del verbo "aplastar" y "acechar" está un poco en suspenso, si nos atenemos al sentido del verbo o de los verbos a los cuales se refiere el autor yahvista.  La vulgata traduce "ipsa conteret caput tuum et tu insidiaberis calcaneum eius", es decir aplastar y acechar.  Los LXX, (Setenta) en cambio, traducen con el  mismo verbo  "terein" y conserva el original hebreo. Dice la traducción: terései y tereseis, es decir: ella aplastará y tú aplastarás. 
El original hebreo "sub" significa aplastar. Junto a este verbo hay otro verbo "sa" que no significa tan directamente aplastar como el verbo acechar. No es raro que el yavista haga juegos de palabras. Conocemos el caso de Adán sacado de la tierra, incluso de Eva a la que incluso llama varona, etc.
Por lo tanto puede ser que aquí también el autor esté jugando con estos dos verbos y que haya una especie de interacción de una parte a otra y esto hace que a la hora de traducir, los exegetas actuales no sepan cómo traducir. No se sabe encontrar una traducción que satisfaga.

Feuillet ( o. c. ) por ejemplo, traduce manteniendo la misma palabra, insidiabitur capiti tuo et tu insidiaberis calcaneo eius. El autor está usando el mismo verbo "sub", siguiendo así a la idea de los LXX.
Así se representaría aquí una especie de lucha; no se trata de victoria solo se está poniendo luchas e insidias.
En cambio la otra traducción , la de aplastar y acechar es la que sigue Reckens tal vez  fundándose en el parelelismo de Esaú y Jacob. Es interesante notar que la traducción de Simmaco y Teodoción traducen con este cambio y no siguen el original hebreo de un verbo solo. Ireneo y Cipriano siguen la diversidad de los verbos. Hay que tener en cuenta que el sujeto de esta frase, ciertamente no es la mujer como ha hecho la Vulgata. Seguramente el sujeto es la descendencia. En cambio, los LXX influenciados por el mesianismo de su tiempo no traducen "ipsa" como la Vulgata, sino "autós" = él, el descendiente.
Entonces ya la descendencia la ha concretado en un individuo; en virtud del texto hebreo una traducción así no se puede hacer.


2 ) Interpretación.

¿Qué significan estos versos? Para muchos exegetas no católicos se trata de una narracción puramente etiológica: intenta explicar nada más que el hecho de que la serpiente coma tierra, según los judíos. para explicar esto fingen un suceso que lo explique todo.
Según otros, Gunker, Sbinner, etc... sería para indicar la hostilidad que actualmente existe entre el hombre y la serpiente.
Se suele admitir, si se tienen en cuenta también otros datos, que aparecen en la escritura posterior en los que se ve claramente que es un símbolo del demonio tentador como aparece sab 2, 24; que Pablo recoge en Rom 5 y Juan en su evangelio, 8, 14 y en Ap 12, 9.
El autor inspirado, según estos, quiere dar a entender aquí la pena que se ha infligido al demonio por la ruina que ha causado en la humanidad mediante aquella tentación.
Este texto tiene una gran promesa religiosa hecha a toda la humanidad: la victoria como tal de la descendencia de la mujer sobre la serpiente. Esta promesa religiosa ¿está o no está en el texto? En el texto tal como está, con su terminología y contexto inmediato no se puede deducir nada en concreto. La victoria se puede  entender "en él", si leemos con toda la perspectiva del AT y de la revelación en Cristo que aparece luego.
Este texto es como el anuncio de la salvación. Se presenta una lucha entre la mujer y la serpiente. Ciertamente aquí hay, por el contexto inmediato, como les decía  antes, una referencia a la mujer pecadora. Esas enemistades no le interesan al autor inspirado, no tuvieron ninguna importancia ulterior Una de las descendencias es claramente colectiva. Por eso en el versículo posterior se nos presentan las enemistades de las dos descendencias. Una de las descendencias es claramente colectiva. Por una parte se atenúa la comparación entre a
descendencia y descendencia que se ponen en lucha; por otra parte,  hay que entender a las dos en sentido colectivo: serpiente y demonios, la mujer y sus descendientes, la lucha está entre las dos proles.
Sin embargo, en el tercer miembro volvemos otra vez al singular: "ella aplastará".. "tú acecharás". En "la cual o ella" podría ser colectivo. En cambio aparece claro el singular en "tú acecharás". Parece entonces al menos parcialmente que hay que entender la otra parte en singular, ya que si tenemos en cuenta también los capítulos siguientes a este escrito por el yavista, no son capítulos que cuentan la victoria del hombre sobre el pecado, sino al revés, la caída del hombre bajo el pecado y por eso tiene que venir el diluvio. Por consiguiente, indudablemente toda la descendencia de la mujer no aplasta la cabeza de la serpiente sino solamente algunos o alguno en concreto, no la colectividad en cuanto tal.


3 ) Sentido mesiánico.

¿Es o no es profecía mesiánica? Este texto hay que verlo a la luz de todo el AT y en concreto del Pentateuco. La preocupación clara del yahvista ya desde la primera narración es tratar las líneas generales del plan salvífico de Dios.
Y esto en torno a dos verdades: pecado y redención-liberación.  En esta perspectiva del yahvista puede decirse, que esta promesa de Dios hecha  aquí a Adán en la narración del paraíso se repite luego en la que le hace a Abraham en Gen 12, 2 ss;  a Issac en Gen 26, 2-5; a Jacob 13,5 y a los jefes, en general, del pueblo escogido. Esta promesa es: la promesa de una tierra, de un reino, una protección, una bendición, una salvación. Así aparece a lo largo del Pentateuco. Esta profecía del Génesis en la que se nos describe el antagonismo de los poderes es como un esbozo de toda la historia salutis, cuyos hechos se van todos elevando a un plan victorioso de Dios, plan que conduce ulteriormente a un Mesías libertador. Por eso puede decirse que si no está directamente, sí que está en la perspectiva conjunta del Pentateuco y de todo el AT.
Si se compara ahora este hecho concreto con todo el acontecimiento ulterior que se va desarrollando, se ve claramente, que lo que interesa no son tanto los pueblos cuanto los jefes.
Esta singularización se está viendo en este acontecimiento concreto. Aparecen también las ulteriores  promesas que son como paralelas a esta del Génesis. Por ejemplo, Gen 49,10; libertador en singular; Num 24, 17 ;  2 Sam 7, 12-16 ; en concreto se trata de un Mesías libertador, de un salvador. Si todo esto lo consideramos a la luz del NT, vemos que el vencedor definitivo de Satán es Cristo, y con Él nosotros también aplastamos a Satanás  (Rom 16, 20) Entonces podríamos decir de ver un sentido singular, y al lado, una colectividad triunfadora. 


4 ) Sentido mariológico. 

Cuando se trata de determinar este sentido mariológico, solo se puede hacer  en virtud del sentido mesiánico.
No hay discrepancia entre los exegetas cuando se trata  de determinar cuál es la mujer que aparece en el versículo 15. Todos están de acuerdo en que es Eva. Ahora, cuando se trata de determinar cuál es la mujer que quebrantará la cabeza de la serpiente, en sí, o en su descendencia, es cuando viene ya la diversidad de consideración  a ver, si entra o no entra y en qué forma, si entra, la mujer María. Sobre este particular hay tres interpretaciones.

Primero. La mujer  literalmente y primariamente es María, no Eva. Se funda en el hecho de que el autor la destaca. La misma manera de nombrarla con artículo excluye que pueda ser una mujer cualquiera.
Naturalmente estos exegetas ven el sentido de aplastar, no acechar de los verbos. La enemistad entre la mujer y el diablo y no entre el varón y la serpiente, da a entender una mujer que se ha de destacar  en el plan salvífico ulterior, de ahí la falta de alusión a la enemistad del varón.

Segundo. De ninguna manera entra María en esta promesa de Dios, sino que la mujer única y exclusivamente es Eva. Si la mujer del contexto es Eva, Eva es la que sigue en versículo posterior: por lo tanto no hay razón ninguna para poner aquí otra mujer distinta.

Tercero. Hay otras dos interpretaciones que yo no me atrevería a separar. La mujer discretamente nombrada, no literalmente, es Eva. Pero en sentido tipológico es María y otra Marái entra en sentido pleno.

P. Benoit (de exegesis et teología bíblica. Ponencia en el Congreso Mariano de Santo Domingo. 1967) dice en resumen lo siguiente: parte del supuesto de que los libros inspirados que tenemos tienen un doble autor: uno humano y otro divino. El autor humano que claramente nos da la historia; el autor divino que nos da la vida. Ambos autores tienen una interacción, de tal manera, que el primero es el instrumento y el segundo la causa eficiente. Consiguientemente, el hecho de tener dos autores repercute inmediatamente en el libro en dos sentidos. Uno corresponde al autor humano y el otro al divino.
El autor divino rebasa en dos aspectos al autor humano: No mueve siempre al hombre. No le da al hombre los principios en sí, sino que le da  realidades y verdades concretas que son las que quedan después, no la entera mentalidad de Dios.

De ahí que en el libro cada texto humano es parte del libro total que Dios quiso escribir, que es todo el libro inspirado que el AT y el NT. Este libro Dios lo intenta escribir a lo largo de los siglos y lo escribe mediante muchos autores. En cada texto Dios no abre al autor humano toda la revelación, sino una verdad particular; pero esta verdad particular la ve formando parte de esa revelación progresiva que Dios va haciendo a lo largo de los siglos y mediante la cual Dios se revela más plenamente a los hombres. De no coincidir totalmente la actuación humana y la divina es erróneo buscar en el texto solo lo que entendía el autor humano. El hombre entendió algo, pero no todo lo que Dios quiso encerrar en eso texto o al insertarlo en su plan de la revelación. Dios no está escribiendo el Génesis, sino todo y ha escondido cosas que el autor humano no ha captado, pero que están ahí. 
Esto da origen a dos sentidos: el sentido humano aquello que el hombre como autor percibe  y el sentido divino aquello que Dios esconde en el texto y que el autor no ha podido comprender y abarcar pero es tan real y literal como el otro.. Este secreto divino encerrado dentro de los textos ha de entenderse a través de la revelación ulterior.

Así nos encontramos frente a dos formas de sentido: típico y plenior. El típico cuando se trata de cosas, hechos y personas que apareciendo en la historia de la salvación tiene un significado, un sentido histórico, inmediato que el autor humano comprendía y que ulteriormente aparece como significado o contenido de otras realidades más ricas y más espirituales. Ejemplo : el paso del Mar Rojo. El autor ha visto el hecho de su historia; Dios ha encerrado la verdad del bautismo porque es el que en 2 de Pedro nos revela que en aquel hecho él entendía encerrar el bautismo. Lo mismo la relación Adán-Cristo, etc...
En sentido plenior no se trata ya de hechos, personas o cosas, sino de palabras que tienen un sentido inmediato, que percibe el autor sagrado, pero que ulteriormente aquellas palabras y frases en revelación ulterior nos van dando un contenido mucho mayor, por ejemplo, la presencia del espíritu. Así el contenido del senior plenior no es un capricho del exegeta ni de los Santos Padres, sino que es la revelación misma que se explica, se hace entender profundamente con la revelación posterior de Dios autor de todo el libro sagrado. 

Es importante señalar que es la misma escritura la que da el sentido ulterior "retrotraible". El nexo entre el sentido humano y el divino debe aparecer en la palabra escrita... ¿o basta que aparezca en la Tradición de la Iglesia?  Un caso clave para aclarar este punto es el de Eva-María, que se encuentra en la patrística primitiva. Muchos exegetas, apoyándose en Justino, Ireneo, etc... defienden que Eva es figura de María en un sentido típico. Eva representa a María: por contraposición (desobediencia - obediencia, (árbol del paraíso - árbol de la cruz: muchos ven en Juan una revelación clara entre Eva junto al árbol y María junto a la Cruz. 
Por semejanza  (Eva junto a Adán para la regeneración). En Juan y en Lucas tenemos ciertos casos en que muy probablemente se da este sentido típico. Por  ejemplo, en Apocalipsis, 12,  la mujer representa a Israel, la iglesia, y María. Si Juan tuvo presente esta relación, estamos ante un caso evidente de sentido típico.
Otros ven el binomio Eva-María en sentido pleno. El énfasis que pone el autor inspirado hace pensar en alguien distinto de Eva. Por ejemplo, en Gen 3,15, lo relacionan con otros oráculos regios mesiánicos, que puede ayudar a conocer quién era la mujer. Las bendiciones de Dios a los Patriarcas alcanzan siempre a una mujer -Sara, Rebeca, Raquel- que es compañera en la realización de los designios de Dios. También en los pueblos orientales se concede una gran importancia  a la madre del rey. En la Bíblia, cuando llega el complimiento de la promesa en el Nuevo Testamento, encontramos una mujer llena de gracia asociada a la obra del redentor. El paralelismo Eva -María con el otro Adán-Cristo. 

Los  Padres al explicar la profecía del Génesis 3, 15, dicen que se cumple en La Anunciación, Lc. 1, 28
Profecía de la doncella que concibe: ( Is. 7, 1-25, especialmente 7, 14 ). Ante todo, cabe preguntarse si este pasaje es o no mesiánico, y de qué manera entra en él María. Para poder contestar con mayor o menor claridad, hay que tener en cuenta los antecedentes históricos de esta profecía, que son los siguientes. Los reyes vecinos de Judá -Siria y Samaría- tienen que pagar un tributo al Asirio. Como no pueden, tratan de hacer una coalición con el rey de Judá, Ajaz. Este se opone a tal coalición y los reyes de Siria y Samaría se  oponen. El profeta Isaías dice a Ajaz que no teme y pida una señal a Yahvé, pero el rey rehusó para no tentar a Dios (aunque en realidad oculta que él había puesto su confianza en el pacto con el rey Asirio) Entonces Isaías  anunció la profecía. (Isaías  7, 14.)

¿Es mesiánica esta profecía? Hay dos versiones sobre la misma, las dos contradictorias: unas que sí y otras que no.
Robert, es de los que sostienen que sí hay mesianismo frente a los que afirman que sería un hijo del rey o del profeta. Según él, es insostenible esta opinión y solo la interpretación mesiánica es aceptable. Las razones para esta afirmación de Robert están en el mismo texto de Isaías; por otra parte se pueden fortalecer en una comparación con Miqueas.

En el contexto de Isaías aparece una tal figuración de este personaje que no podría concretarse en un sucesor inmediato de Ajaz o del profeta. dados los epítetos misteriosos que colocan a ese ser en la esfera de lo divino, del que se espera el comienzo de una era de justicia y paz (que en la mentalidad profética es la era escatológico-mesiánica). Estos epítetos misteriosos se completan con otros pasajes cercanos del mismo Isaías:  

Is. 9 - 5 :  "Un niño nos ha nacido... y se llamará Admirable, Consejero, Dios poderoso,                                               etc..." 
Is. 11 ,2 :  "Se posará sobre él el Espíriru de Yahvé: Espíritu de Sabiduría, de Consejo,                                                etc..."
Is. 8, 8 :    "Tierra de Enmanuel",  (En el AT la tierra de Judá es tierra de Yahvé, no del                                                rey).
Is. 8,23 :    De este hombre se espera la victoria definitiva.


Comparación con el profeta Miqueas. Probablemente contemporáneos, en una época cercana a la fase del exilio, en la que aflora más la esperanza mesíánica.  Ambos (Mq. 5,15) anuncian a un libertador de la familia de David que traerá la paz. Isaías afirma la destrucción hasta que llegue el libertador; Miqueas, la invasión.
Isaías predice que la doncella concebirá y dará a luz al Salvador; Miqueas que Yahvé los abandonará hasta el tiempo en que dé a luz, lo que tienen que dar a luz. En ambos el Hijo es instrumento de salvación divina.
Por otra parte, Mateo 1. 22-23, cita la profecía de Isaías,7,14, haciendo referencia a Cristo, de donde se deduce que la profecía tiene valor mesánico.


¿De qué manera entra María en esta profecía?

En la Sagrada escritura se utilizan tres nombres para expresar la virginidad:

VETULA:   mujer que conserva su virginidad sea de la edad que sea: indica indirectamente la                                      virginidad.

NAHARA:  mujer adolescente, sea o no virgen.
 j
ALMAH:  mujer adolescente sea o no virgen. Nunca para una joven casada. No significa que sea                              virgen, sino mujer joven, aunque tal vez supone la virginidad.

En Isaías 7, 14 se usa ALMAH, que los setenta traducen al griego por "parthenos"; la Vulgata por  ". "Virgo". Las traducciones de Aquila, teodoción, y Simmaco, por joven.

Aparte del hecho de que los Setenta emplean también "parthenos" para designar a una mucha casadera llegada a la madurez ( Gen 24, 43 ) y que no puede demostrarse que el traductor de Isaías pensara en una virgen, ni siquiera en una concepción o parto virginal, hay que tener en cuenta que la cita en Mateo es, en primer término, una cita de reflexión a fin de referir a la historia religiosa del Antiguo  Testamento  unos hechos que él halló y contó independientemente de la palabra del Antiguo Testamento. El judaísmo de la época precristiana interpretó Isaías  7, 14 en el sentido de nacimiento virginal. Las traducciones griegas posteriores del Antiguo Testamento, en lugar de "parthenos" escribe "veavís", como ya se ha dicho.

Spinettoli parte de este supuesto. El capítulo 7 de Isaías nos ha llegado revuelto, no tal como lo escribió el profeta. afirma que hay críticos que no admiten el orden tradicional en que nos ha llegado, sino este otro dividido en dos partes  u oráculos:

a)  Formado por los versículos 1 - 12 , 13, 14 a,   y 16  (omiten el 15)

b)  Formado por los versículos  17 - 20.  23 - 25.  14b, 15

Sin embargo esta ordenación presenta dificultades, de las que la principal es saber si hay suficiente  fundamentación para hacer este orden.

Con este orden Isaías da al rey Ajaz una señal de liberación en virtud  de la promesa mesiánica y como preanuncio de ella. La garantía de que se saldrá de la situación actual es que el pueblo israelita es portador de la promesa. Hay, pués, una superposición de los dos planos (esto aún sin contar con la ordenación rebuscada de Spinettoli). Al superponer los dos signos nos dan el sentido total del pasaje. Siempre se están haciendo superposiciones de la realidad y el símbolo. En cuanto a la lectura de Spinettoli no nos encontramos las condiciones del capítulo. 

En un campo más concreto mariológico, se alude a una mujer que tiene algo que ver con el Mesías. ¿Anuncia o no el profeta una concepción y un nacimiento virginal? sobre todo en el nacimiento es muy difícil llegar a una conclusión clara. Se pueden sacar tres ideas:

1).  Una unión de la mujer con el Mesías.

2).  Tal vez una alusión a la concepción virginal.

3).  Sobre el nacimiento,  nada limpio.


Miqueas 5,  1 - 6 .  En este texto se anuncia: 

Primero:  que de Belén saldrá un libertador. Hay una referencia a la dinastía antiquísima de Israel.

Segundo: que dominará a todo Israel, al que aglutinará.

Tercero Hay un castigo anunciado que terminará con la aparición de este nuevo ser en Israel. Consecuencia de esto será  una era de paz. ( de nuevo Asur es el símbolo de los enemigos de Isarael y su prototipo ).

Cuarto, en el Nuevo  Testamento se aplica este texto a Jesús.

Es curioso que tanto Miqueas como Isaías están haciendo alusión a una mujer unida al Mesías, que está en la conciencia del pueblo. (Importancia de la madre del rey en las civilizaciones antiguas). Por tanto Isaías y Miqueas son una manifestación de esta conciencia latente en el pueblo.



BIBLIOGRAFÍA:  


                               Robert,  Santa Virgen en el AT en Manois,  María.   Tomo I  pp  23-39
                              
                               Ceuppens,  Mariología bíblica .  Turín 1942
                               
                               Feuillet,  Fundamentum Mariologiae in profetiis veteri testamenti, en María                                                et  oecumenismo 1962  

                               Ortensio de Spinetoli,  María en la Biblia. 1964 . Pamplona     

                              Cazelles, Génesis 3, 15. Exégesis contemporánea en ètude marial 14  (                             
                                                1956 ) pág. 91-99
                               
                               Laurentin,  cfr.  bibliografía general.

                               Rigaux La mujer y su linaje en Gen, 3 -15   Revue Biblique  (1954)

Para preparar una exégesis de la Anunciación:  ( Significado del "llena de gracia", "Dios está contigo", "presencia del Espíritu Santo", etc ) importante para varios dogmas. También en Mateo, Anunciación de José ).
                               Carol , María en el NT

                               Galot, Marí en el Evangelio. Ed.. Apost. se la Prensa.
                          
                               Max Thurien, María,  madre del Señor, imagen de la Iglesia.




sábado, 7 de diciembre de 2024

MARÍA, la historia de jesús desde la perspectiva de María




Ayer Netflix nos sorprendió gratamente con el estreno de la película "MARÍA". Una magnífica película bíblica, que narra la historia de Jesús, como pocas veces se ha contado, desde la perspectiva de María, la madre del Mesías. Esta cinta sorprende porque cuenta con un reparto de actores israelíes, lo que después de 2.000 años le confiere cierta naturalidad, no exenta de crítica por parte de unos y de otros, como veremos más adelante. Una película escrita por Timothy Michael Hayed, dirigida por DJ Caruso y protagonizada por Noa Cohen (María) Ido Tako (José) y Anthony Hopkins como Rey Herodes. "MARÍA" es un relato bíblico, narrado desde la perspectiva de María elegida para traer al Mesías al mundo, pero repudiada tras una concepción milagrosa por la que se ve obligada a ocultarse. Cuando el Rey Herodes conoce que el Mesías nacerá en Belén, ordena una cruenta cacería para matar el recién nacido; María y José emprenden la huída unidos por la fe, la valentía y el coraje para salvar al niño a toda costa. Cosa que consiguen. 
La productora ha apostado fuerte por "MARÍA" (por encima de la media de lo que es habitual en el género) Con una puesta en escena muy atractiva, costumbrista y real, que respeta costumbres y modos de la época. Los protagonistas son presentados como seres humanos normales, con sus dudas, defectos, limitaciones, etc,  muy de acuerdo con nuestra naturaleza humana. Desde el punto de vista de la ortodoxia cristiana, nada que temer: el guión contó con la aportación de 70 borradores y el soporte de sacerdotes, rabinos y teólogos profesionales. Ni por la productora cristiana Mary Aloe -nada dudosa, por cierto- cuyo objetivo principal es el descubrimiento de la Bíblia para el gran público. 
Pero la película nos muestra algo más. La infancia de la Virgen María, su consagración al servicio de Dios en el Templo de Jerusalén, y las dificultades con las que tiene que lidiar para seguir la vocación de la que depende practicamente toda la humanidad y ser digna ante sus ojos. La cinta nos muestra "un mensaje de amor" tan necesario para nuestro tiempo. Diálogo, dedicación, humildad, disponibilidad, y confianza, ante Dios, son las virtudes que adornan a María, seguidas  por un diálogo  no exento de reflexión, donde las preguntas sobre su embarazo son necesarias por la lógica comprensión humana, propias de una doncella de su tiempo educada en la estricta Ley judía (Torah). La misma María que acepta el plan de Dios con total disponibilidad y humildad, es la que se enfrenta a sus vecinos y conocidos de su pueblo que siguen estrictamente la Torah, la ley de los rabinos judios que prescribe la lapidación y el repudio del esposo para aquellas doncellas que quedan en cinta fuera del matrimonio. No fue nada fácil para María, ni tampoco para José. Ante esto, Ella responde ante Dios con generosidad, entrega y disponibilidad al plan salvífico del Altísimo "hágase en mí según tu palabra". 
Hoy, visperas de la Inmaculada Concepción de La Virgen María, -tiempo litúrgico del Adviento- es el momento más oportuno para visionar esta película que nos adentra en el acontecimiento más importante de la historia de la humanidad para los creyentes católicos. Os invito a verla. Creo que no os defraudará.



domingo, 24 de noviembre de 2024

Al ritmo de la marimba







"Cuando la fe se contagia al ritmo de la marimba". Este es el título empleado por Miguel Angel Malavia, cuando nos describe en un artículo de la Revista Vida Nueva la experiencia misionera del Padre Luis Jiménez Misionero de La Consolata en Chiapas (México). Después de un aprendizaje misionero en África, el Padre Luis nos manifiesta su experiencia religiosa y pastoral durante 20 años en Tanzania Más adelante prosigue "Entendí como me tenía que dejar evangelizar por los pobres, los preferidos de Jesús. Y supe que cuando uno llega a la misión no solo a evangelizar sino a ser evangelizado". Que el contacto con las culturas autóctonas le hace descubrir "que mi cristianismo impregnado de la cultura europea y española, no era precisamente la única ni la mejor referencia, pues las tribus me enseñaron que hay otras formas  y estilos de entender y creer en un Dios padre y en un Jesús hermano" Los misioneros de la Consolata -prosigue el P. Luis- adaptaron la liturgia romana a la cultura africana. Hoy, el Papa Francisco  nos anima a acercar la liturgia a las riquezas de la cultura local, mediante el uso de costumbres, danzas y ritos folklóricos que enriquecen la liturgia romana más austera y expresiva que la africana.
Si el hecho religioso se inició en el ser humano como "una experiencia simbólica de sentido" es natural y necesario expresar esta experiencia por medio de símbolos. "El lenguaje religioso no puede apelar, como la ciencia, a un saber verificable, sino que se basa en un lenguaje simbólico, expresivo y comunicativo, que, en última instancia, pretende hablar con y en nombre de Dios". (J.A. Estrada) La religión trasciende lo fenoménico  -con palabras de Kant- se acerca a lo nouménico. La manifestación trascendente del mensaje religioso cristiano ha de valerse de ritos y símbolos, que partiendo del contacto del ser humano con la experiencia sensible del conocimiento, como el modo más natural, se acerque y comprenda los misterios de nuestra religión cristiana a través de  estos símbolos empleados y utilizados en el rito litúrgico, como el agua, el fuego, la luz, el oleo, etc...,  estos no son solo elementos naturales de nuestra experiencia empírica, sino que mediante el acto litúrgico o sacramental recobran un significado simbólico que trasciende su esencia natural cosificada, para convertirse en símbolos transcendentes de significado espiritual. De lo que se trata ahora es, de acercar y adaptar estos elementos naturales de las diversas culturas y folklores al pueblo. Para que esta renovación litúrgica -mejor vivida, comprendida y sentida- ayude a los creyentes del Pueblo de Dios a vivir  con mayor intensidad la fe y la esperanza en El Padre.
Con palabras del P. Luis Jiménez, lo entenderemos mejor: "Donde hay signos y símbolos que ellos ni conocen ni entienden, la liturgia no consigue su objetivo. En cambio, cuando un misionero ayuda a que se valore la riqueza cultural y se mete dentro y participa, sientiéndose uno de ellos, hablando su propio idioma y dialectos, respetando y valorando lo más preciado por ellos, entonces, sí que la misión, junto al anuncio y el testimonio se hace más creíble y la adoración al único Dios se hace más personal y auténtica".



sábado, 23 de noviembre de 2024

Una vida de formación




-  ¿De dónde eres, Luis? 
-  Soy gaditano, de San Fernando. 
-  ¿Y vosotros?
-  Somos almerienses. 
-  Venimos del Seminario Diocesano de Almería. 

Quienes así conversamos con nuestro nuevo compañero, Luis Jiménez, éramos Pedro Conchillo y un servidor, recién llegados a Madrid, después de ser reclutados por el P. Jesús Navarro. Corría el año 1965, y el Instituto Misionero de La Consolata acababa de abrir su primer Seminario Internacional en España bajo la advocación de Juan XXIII, en Alcobendas (Madrid). Allí nos reunimos una veintena de jóvenes, aproximadamente, venidos de varios rincones de España, (Andalucía, Extremadura, Castilla La Mancha, Galicia, Vascongadas) Italia y Sudamérica, para iniciar una comunidad de formación religiosa y misionera bajo la dirección del P. Mario Viola, el P. Francesco Babbini, y posteriomente, El P. Franco Cellana. Siendo Superior Regional el P. Enrique Crespo.
Allí pasé los mejores años de mi vida. Estudié dos años de filosofía en el Semimario Metropolitano de Madrid, donde asistiamos a clase a diario. Para luego vivir en comunidad junto a mis nuevos compañeros y amigos, en un ambiente comunitario intercultural y ecuménico, alternando el estudio y la vida comunitaria con la actividad pastoral con jóvenes en parroquias  del barrio de Manoteras, al norte de Madrid. La oración, el estudio, y el trabajo pastoral, eran los ejes en los que giraba nuestra vida y se centraba nuestra formación misionera a la vez que se acrecentaba nuestra vocación religiosa.Pasado este tiempo, fuimos seleccionados tres miembros de la comunidad para hacer el noviciado en Estados Unidos, el resto lo haría en Bedizzole, Brescia (Italia). Luis, Jose Luis y yo mismo. Partimos para Nueva York a primeros de septiembre desde el puerto de Algeciras en el Michelangelo, un trasatlántico italiano de 90.000 Tn. Después de una semana de viaje arribamos al puerto de Nueva York, el 8 de septiembre del 68.
Nuestro noviciado lo iniciamos en Wiliamsville, una ciudad satélite de Buffalo muy cercana a las Cataratas del Niágara al noroeste del Estado de NuevaYork. No fue nada fácil adaptarnos a la vida americana; de hecho no lo conseguimos. Hubo enfrentamientos y malentendidos con El P. Bellagamba, maestro de novicios, lo que se tradujo en no profesar los votos temporales debido a grandes diferencias de criterio con el superior de novicios, y aún, con la mentalidad norteamericana. Justo al año, volvimos los tres candidatos a Madrid con un informe tan negativo, por inadaptación a la cultura americana. Cuando fue abierto por el superior en España, practicamente estábamos expulsados de la Congregación. Nos libramos gracias al expediente brillante de nuestros estudios académicos, y a la valoración y credibilidad en nuestras posibilidades  intelectuales por parte del nuevo superior del Seminario el Padre Ducci. 
Iniciamos la Teología en la Universidad Católica de Comillas dirigida por los Jesuitas en Madrid. Después de cuatro duros años de estudios y dedicación, nos licenciamos en Teología Dogmática bajo la tutoría del Doctor D. Jose María Fondevila, y un excelente elenco de profesores,  tales como, José Gómez Caffarena, Antonio Ocaña, José Luis Larrabe, Andrés Tornos, Manuel Gesteira, Antonio Vargas-Machuca, Teodoro de Andrés, Ángel González, Rosa Aparicio, Losada, Salas, A.Turrado..., y tantos otros que no recuerdo. Finalmente, unos se quedaron en la Congregación y fueron ordenados sacerdotes después de recibir los votos perpetuos, y otros, optamos por salir del seminario y seguir los estudios por nuestra cuenta, en universidades civiles del Estado. En mi caso me licencié en Filosofía y Letras (sección Filosofía) en la Universidad de Salamanca, para posteriormente dedicarme a la docencia de la filosofía como profesor de instituto de bachillerato en el MEC.  
El Padre Luis Jiménez, fue uno de los elegidos por el Señor para ejercer el sacerdocio como misionero de La Consolata en África. Tras pasar 20 años en Tanzania vuelve a España a la casa madre de Madrid, para posteriormente ser nombrado Delegado de Misiones en la Diócesis de Málaga durante seis años. Cruzado el Atlántico por segunda vez, hoy ejerce su ministerio en la Parroquia del Divino Niño en Tuxtla, Chiapas (México), en la Diócesis de San Cristóbal de las Casas.                                                                                                                                                                                                                                                                                                   

N.B.  En recuerdo de mis superiores y amigos Misioneros de la Consolata del Seminario Internacional Juan XXIII de Alcobendas (Madrid). Por lo mucho que me han dado y aprendido y lo poco que yo les he devuelto. !Gracias, muchas gracias! !Estaréis siempre en mi corazón! Son estos: Mario Viola, Franco Babbini, Franco Cellana, Enrique Crespo, Jesús Navarro, Daniel Ruiz, Pedro Conchillo, Luis Jiménez, Jose Luis López, Mario Bedino, Paolo Mazzuchi, Giuseppe Svanera, Dino Filosi, Alberto Minora, Efrén Baldaso, Ivo Trevisan, Manuel Brenes, J L Moñino., Antonio Ramos...,y muchos otros que ahora no recuerdo.  



                                                                  

domingo, 31 de marzo de 2024

Del Jesús histórico, al Cristo de la fe






!Cristo ha resucitado¡ !Aleluya! Esta es la gran noticia que da sentido a nuestra fe como creyentes cristianos. Sin ella vana es nuestra fe. Sin la resurrección del Señor nada tiene sentido. Ni siquiera la constitución de la Iglesia Católica -siendo tan importante- solo sería una empresa humana, como es la creación del Imperio Romano, el Renacimiento, la Ilustración, o la Revolución industrial. Muy importantes, sí, pero al fin y al cabo, hechos sociológicos culturales creados por el hombre de importancia trascendental para la humanidad, pero no dejan de ser inventos humanos, históricos, empíricos, valorables. Si la Iglesia Católica es un hecho trascendental en la historia de la humanidad para los creyentes, es gracias,  a que Jesús de Nazaret ha resucitado. "Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación y vana también vuestra fe"(...) Pablo (1 Cor 5, 15-19) .
¿Cómo hemos de entender la resurrección de Jesús de Nazaret? No ha de entenderse como la vuelta del Cristo resucitado al Jesús histórico de la vida terrena. La vida de Jesús fue un hecho histórico, empírico constatable. La resurrección no fue un hecho empírico constatable.  Jesús no revivió, no volvió a la vida que poseía antes de su muerte, adquiriendo las funciones fisiológicas vitales de todo ser vivo, sujeto al espacio y al tiempo. Su cuerpo resucitado se manifiesta glorificado, inmaterial, sin estar sujeto a las leyes físicas de la naturaleza inherentes a todo ser material. Entender la resurrección como una vuelta a su existencia histórica, es un error. Cuando Cristo resucitó, resucitó en cuerpo y espíritu glorioso. Es la vuelta del Jesús histórico al Cristo de la fe. (Hechos 28,31). Así lo manifiesta la Iglesia Católica en el Credo: "Está sentado a la diestra de Dios Padre" como Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Del mismo modo lo manifiesta el testimonio de los Apóstoles: "Pero Dios le resucitó de entre los muertos y nosotros somos testigos de ello. Y por la fe en su nombre, este mismo nombre ha restablecido a este que vosotros veis y conocéis" (Hechos 3,15-16). La única prueba que tenemos es la fe de los Apóstoles hasta morir en el martirio por dar testimonio de la  resurrección de Jesucristo. Y desde entonces, a lo largo de casi dos mil años, seguimos renovando este anuncio después de celebrar el misterio Pascual. La resurrección es un hecho histórico, al que solo se accede por la fe, lo que significa que no puede ser un hecho probado ni demostrado empíricamente. Lo único costatable empíricamente es haber encontrado el sepulcro vacío, pero este hecho solo prueba que su cuerpo ha desaparecido. Nada más.
La ciencia y la filosofía nada tienen que decir sobre la Resurrección. El mundo expresable en el lenguaje científico y filosófico es el de los hechos, más allá de ese límite, mejor es callarse. En el Tractatus, Ludwig Wittgenstein escribió: "Sentimos que aún cuando todas las posibles cuestiones científicas hayan recibido respuesta, nuestros problemas vitales todavía no se han rozado en lo más mínimo" (Tractatus, 6.52). La búsqueda del sentido ha sido una tarea constante de varias cosmovisiones metafísicas, en concreto, la aristotélico-tomista, tarea noble que brota de lo más hondo de la subjetividad humana, como respuesta a la inquietud innata de trascendencia del ser humano, sin conseguirlo. Ha sido más un intento que una realidad. Corresponde más bien al ámbito del hecho religioso, (teodicea o teología), dar respuesta a preguntas sobre lo Absoluto, lo divino y sus atributos, mediante la utilización de un lenguaje simbólico que trasciende la racionalidad de la ciencia y la filosofía.  "En este sentido, la religión implica siempre extrapolación, un ir más allá de los límites (de la razón, del mundo, de la historia) que no puede justificar la racionalidad filosófica. No se asume simplemente la finitud y la contingencia como dimensiones fácticas de la vida humana, sino que se busca darle un fundamento y significado más allá de la realidad material, de lo limitado y finito, de lo mortal y perecedero" (J.A.Estrada, Filosofía, Ciencia, y Religión) 
Cristo resucitado ha vencido a la muerte. Su resurrección es un mensaje de alegría y esperanza para nuestro mundo, sediento de igualdad, paz y justicia. El amor ha triunfado sobre el odio, la luz sobre las tinieblas, la vida sobre la muerte. A nosotros como comunidad eclesial, nos corresponde dar testimonio de esta "Buena Nueva" con nuestra palabra y  nuestras obras. No estaremos solos "porque dónde están dos o tres reunidos en Mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos" (Mt 18,20). Gracias a la Resurrección, Cristo está presente en el Sacramento de la Eucaristía con su cuerpo y su sangre, bajo las especies de pan y vino. Un acto grandioso, un milagro precioso del amor de Dios, que acontece y se actualiza en cada Eucaristía. Él está en el cielo como Hijo de Dios-Padre, resucitado, a la espera de nuestra resurrección. Aunque nosotros los cristianos somos su cielo en la tierra cuando llevamos su nombre como testigos de su resurrección; cuando lo sentimos, lo gozamos y lo vivimos en los sacramentos. Parece que tan lejos...pero no es así. Está muy cerca. En el sagrario, en la asamblea, y en el corazón de cada hombre que siente la necesidad de amarle. Así nos lo prometió: "Estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos". (Mt 18,20).



miércoles, 27 de marzo de 2024

Dios se enamoró del barro





Dios se enamoró del barro e hizo al hombre. A su imagen y semejanza. "Y vió Dios que aquello era bueno". Ese mismo Dios, en la plenitud de los tiempos, no se concluye en la eternidad sino que se hace  palabra  e irrumpe en la historia y en el tiempo. Ese es el misterio de la Encarnación. Podía haberlo hecho de otro modo. Lo hizo así. Eligió a una joven virgen como Madre y Ella respondió al misterio: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según su palabra". La gran tragedia de Jesús de Nazaret comienza en un pueblo humilde hasta acabar clavado en una cruz en el Gólgota. En medio, se desarrollan  episodios de ocultamiento y vida pública que es necesario recorrer, contemplar y meditar. Actos y acontecimientos que a la luz de la razón humana son difíciles de comprender, no así de la fe; de parábolas y milagros, de cercanía y alejamiento, de alegría y esperanza, hasta de dolor y soledad en un acto sublime de entrega, desnudez, abandono, sin sus discípulos, sin su Madre y hasta sin su Padre: "Padre, ¿por qué me has abandonado". La historia de una infamia y la de un fracaso...hasta la gloria de la Resurrección. La Semana Santa es la manifestación de un relato dramatizado del amor de Dios por nosotros, ante la mirada atónita del mundo, que expectante llena nuestras calles de pueblos y ciudades con estaciones de penitencia, para contemplar las imágenes y dar rienda suelta a sus inquietudes religiosas, sentimientos y deseos más devotos. Es la piedad de un pueblo y su gente que procesiona y reza a través de la contemplación de su Virgen dolorosa o el Cristo crucificado, entre varales, flameo de cirios, flores e incienso, o bajo el canto improvisado de una saeta desde un balcón florido. Es la grandeza y la plasticidad de unas imágenes sobre tronos majestuosos portados por costaleros o portadores, escoltados por hermandades de penitentes en estación de penitencia, donde destreza, esfuerzo y oración forman una unidad de sentido, como respuesta a  una promesa o el cumplimiento de una tradición ancestral.  Es el embrujo de la noche bajo el perfume del azahar mezclado con la canela y la vainilla... es el lejano sonido de una bocina que rompe el silencio de la noche primaveral. Es el  misterio hecho imagen de la Pasión de Cristo en la calle...
Pero la Semana Santa es algo más que la representación plástica de una tradición. Con la celebración de la pasión y muerte de Jesucristo y su resurrección, el hombre encuentra sentido a su existencia. Vivir la Semana Santa es morir y resucitar con el Cristo de la fe, a través de los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía de un modo real, no imaginario; es llevar una vida intima de comunicación con Dios mediante la oración. Es hacer presente la muerte y pasión del Señor que nos redime en la cruz para resucitar con Él. Implica una verdadera conversión de nuestras vidas y un arrepentimiento sincero para seguir a Dios y a su Palabra. Es seguir la cruz del crucificado y renunciar al mundo y a sus falacias. Es dejarse llevar por la fuerza del Espíritu y renacer de nuevo del agua bautismal. Solo así superaremos nuestras frustraciones y saciaremos nuestra sed de eternidad. Solo así viviremos la Semana Santa "como Dios manda".





domingo, 11 de junio de 2023

¿Cómo transmitimos la fe?





¿Por qué hay una crisis de fe religiosa en nuestra sociedad moderna? ¿Cuáles son sus verdaderas causas? ¿Acaso no sabemos los católicos transmitirla? ¿Por qué la mayoría de los jóvenes no viven la fe de la Iglesia y no frecuentan los sacramentos? ¿Acaso los católicos creyentes no damos un ejemplo existencial de nuestra fe mediante nuestros actos? Estas y otras múltiples preguntas son las que nos hacemos los católicos y que tienen difícil respuesta. Reflexionemos en torno a ello.
Para tratar sobre la transmisión de la fe lo primero que debemos hacer  es ponernos de acuerdo qué se entiende por fe. La fe en el cristianismo es una respuesta personal a una experiencia de encuentro con Jesucristo que nace y brota de ese mismo encuentro, y que se debe a la iniciativa exclusiva de Dios como un don o gracia hacia cada persona en particular. Ese don requiere una apertura o receptividad de la persona la cual acepta de forma integral la voluntad de Dios. Esta experiencia se da en la conciencia humana del yo personal mediante un universo simbólico de sentido concreto, que cada cual ha de saber interpretar, integrar, y valorar, según su correcta formación y sus vivencias personales. Desde este punto de vista, la fe es una experiencia firme o conjunto de sentimientos actitudes y orientaciones existenciales interiores del amor que Dios nos tiene. La fe no consiste solo en creer un conjunto de verdades, unos artículos cognitivos proposicionales o dogmas inmutables, que profesamos en el Credo y que tradicionalmente han sido transmitidos y enseñados por la tradición de la Iglesia. Esto se da por hecho, como condición necesaria aunque no suficiente. Por eso hay que hablar de este modelo experiencial expresivista.

Otro modelo o paradigma a tener en cuenta, es el aspecto sociológico o cultural en los que se  transmite la fe y su incidencia y el modo de como afecta a la vivencia de nuestra fe en modo comunitario. ¿En qué se ha fallado para llegar al estado en el que nos encontramos actualmente? La respuesta es compleja puesto que se dan múltiples causas y no todas achacables a la Iglesia como institución, aunque cierta responsabilidad intraeclesial, sí que la tiene. Los tiempos actuales van muy rápidos y da la impresión que la Iglesia llega tarde porque le cuesta trabajo adaptarse a lo que demanda la sociedad. Lo que tradicionalmente se llama "aggiornamento" o actualización. Ya no vale ese catolicismo tradicional ambiental de mayorías, de grandes masas de creyentes, que pese a las apariencias, tampoco ha sido tan eficiente, y que lamentablemente a veces se manifiesta en costumbres tradicionales o folklóricas que poco tienen que ver con la fe transmitida por el Evangelio. Tampoco vale ese modelo tradicional sustentado por cierta autoridad conservadora, definido y cerrado por una ortodoxia de la jerarquía clerical, donde la respuesta de los fieles se limita a la asistencia periódica a los actos religiosos de culto como meros espectadores. Hay que crear nuevos cauces de participación en nuestras parroquias, involucrando a jóvenes y mayores en el proceso de evangelización pastoral y hacerles parte activa de ese proceso. La transmisión de la fe es un proceso comunitario, responsabilidad de todo el pueblo de Dios y no solo del clero. Seguir el modelo tradicional es anacrónico y obsoleto. Persistir en esa dirección nos lleva al fracaso. Hay que reconocer que como Iglesia no se están haciendo bien del todo las cosas y lleva a que la Iglesia vaya perdiendo credibilidad en un mundo que cambia tan rápido. Pongamosle más fácil el camino al Espíritu Santo. 

Pero no todo es responsabilidad de la Iglesia. También hay causas extra eclesiales en la transmisión de la fe. Estamos sumidos en un proceso intenso de secularización y de crisis de valores, que se inicia con la Ilustración, continúa con la crisis de la metafísica en el idealismo transcendental de Kant y el idealismo de Fichte y Schelling, y culmina con idealismo absoluto de Hegel. Sin olvidar a Nietzsche y Marx. El nihilismo se ha instalado en nuestras sociedades modernas, alimentado por el individualismo liberal. Esto se manifiesta mediante una crisis de fe y del saber religioso. frágil, dinámico, evolutivo y siempre precario. Con palabras de J.A. Estrada:  "Las dudas de fe son inherentes a cualquier pretensión de trascender los límites de la relatividad humana y de haber alcanzado, de alguna manera, al absoluto. Naturalmente, esas dudas crecen cuando la fe no se inscribe en un entramado social, comunitario y eclesial, que facilite mantener y crecer en la religión. Es lo que ocurre en nuestra sociedad, donde la minoría creyente se encuentra crecientemente confrontada a una mayoría permisiva, pero en buena parte indiferente y claramente distanciada del imaginario religioso defendido por las instituciones religiosas. Mucho más cuando se da una privatización de la experiencia religiosa, una deseclesialización e institucionalización de la fe, y una pérdida de credibilidad y de plausibilidad de las creencias oficiales que sirven de referencia para evaluar la religión."  (J.A. Estrada Díaz,  Ciencia y Religión, México 2003). La conclusión es evidente: La religión va perdiendo importancia entre nuestros jóvenes y la convierten en un bien de consumo más, cuándo no irrelevante. Otros valores culturales la sustituyen como sucedáneos que nada tienen que ver con Dios. El materialismo consumista, el positivismo instrumental, la globalización, el exceso de información no asimilable que nos aísla, la emergencia de la postmodernidad, el desarrollo tecnológico y la digitalización, etc. Todo ello conlleva a un relativismo nihilista donde se pierde lo sociológico en función de lo psicológico. Donde lo importante no es cuestionarse preguntas metafísicas sobre el sentido de la transcendencia o de lo Absoluto, etc., sino más bién, estar a gusto con lo que hago y que no me cause traumas.