Fue todo inesperado y de prisa, sin tiempo para preparar el viaje a Barcelona, porque la muerte, aunque esperada, siempre llega furtiva. El domingo pasado en el ocaso del día, se nos marchó La Tía Sagrario. Así, simplemente así, sin ruido; en silencio, rodeada de sus hijos como ella se merecía, arropada por ese inmenso amor que hizo de su vida una entrega y servicio a los demás. Ayer, cuando la contemplé vi en su rostro la paz y la serenidad de quien después de un largo día, agotada por el trabajo y la briega, descansa después de haber hecho el bien. Su rostro no marcaba la frustración de quien se va, sino de quien se queda en nuestro corazón para siempre: "Nadie muere del todo mientras su recuerdo permanezca en un corazón vivo"; y ella permanece no en uno, sino en muchos corazones que ahora lloran en silencio su ausencia.
La muerte como proceso natural es difícil de entender desde el lado de la vida. Ambos son incompatibles y no pueden existir al mismo tiempo, son antagónicos y contradictorios: "No temas a la muerte porque cuando estás tú no está la muerte y cuando está la muerte no estás tú" (Epicuro). Una respuesta filosófica, racional, que puede ser para algunos suficiente para explicar el fenómeno de la muerte, y para otros insuficiente. Hoy nos movemos en en plano de los sentimientos -no de la razón- y se nos hace muy complicado la marcha de un ser querido. Como seres finitos y cognoscentes de nuestra propia finitud, debemos prepararnos para ese acto que reunifica nuestra existencia, y debemos hacerlo viviendo el tiempo que gratuitamente cada uno tiene, porque Dios, la Naturaleza, o el Destino, se lo ha dado. Lo llamamos tiempo o vida y lo aceptamos como un proceso natural o como el tributo que hay que pagar por haber nacido.
Fuimos a llorar el adiós de una entrañable mujer -La Tía Sagrario- y eso hicimos. Pero no solo eso, nos encontramos con aquellos -sus hijos- a los que tanto amó: Juan, Charo, Mercedes, Manolita, Sebas y Jordi; ellos son la presencia y el testimonio de su madre entre nosotros. !Gracias, Tia Sagrario! Allá donde te encuentres estarás muy contenta, junto al Tio Juan, a quien tanto quisiste. Hoy, la familia, se siente más unida que nunca, fruto de la semilla que vosotros sembrasteis con vuestro ejemplo. Gracias por todo lo que nos has dado. Hoy somos más fuertes.
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