Translate

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Doce campanadas marcan el ritmo de nuestras vidas


 
Doce campanadas marcan el ritmo de nuestras vidas. Con ellas despedimos el año viejo y abrimos la puerta al nuevo. Es, al fin y al cabo, una convención cultural: medimos el tiempo porque no podemos detenerlo. Lo llenamos de deseos, promesas y ensueños, porque la vida sigue y hay que hacerla más ligera. Tratamos de llenar el vacío de la existencia con algo que nos ilusione y, tal vez, nos regale la sorpresa de lo inesperado. El pasado, por inmutable, ya no nos pertenece. El presente, a menudo, nos incomoda porque exige demasiado. Así que nos refugiamos en el futuro, ese territorio donde proyectamos nuestros sueños y esperanzas. Esta noche, mientras aguardamos las doce campanadas, tengamos en la mente y en el corazón a nuestros seres queridos que ya no están entre nosotros. A nuestros hermanos más afectados por la DANA de Valencia. Para ellos comenzará un “Año Nuevo” verdaderamente nuevo, donde puedan conseguir esas promesas frustradas. Ojalá la novedad consista en sacar el lodo —físico y moral— que pesa sobre sus vidas: amargura, desencanto, frustración… ese lodo que ahoga el corazón por la pérdida de un ser querido cuya ausencia nada puede reparar.  Y a todos aquellos -mujeres y hombres- que han sido víctimas de la sin razón, el desamor, la incomprensión... Que nuestro deseo sea solidario, sincero y libre de intereses, lejos de las promesas vacías. ¡No los olvidemos!
Esta noche correrá el champán y comeremos las uvas entre abrazos, promesas y parabienes —con la sola excepción de no hablar de política; tiempo habrá el próximo año—. En torno a la mesa repasamos nuestras listas de buenos deseos: salud, trabajo, paz y entendimiento, tanto entre los nuestros como entre los de más allá. No faltará quien piense también en nuestro País, deseando que encuentre solución a sus problemas más profundos. Unos celebrarán en la calle, entre risas, música y matasuegras. Otros lo harán en casa, junto a la familia, con la televisión como fondo y la cama cerca para descansar. Mañana será hermoso madrugar, pasear por las calles aún dormidas y respirar el aire frío, con la única preocupación de que los nuestros regresen sanos y salvos a casa. No olvidemos a quienes trabajan por nuestro bienestar incluso en esta noche de fiesta: médicos, enfermeros, bomberos, policías, técnicos y tantos otros profesionales que velan por nuestra seguridad. A todos ellos, nuestra gratitud. Hoy es día de reflexión. De hacer balance de lo que se va, admitir errores y prometer —una vez más— que seremos mejores. Quizás tropecemos de nuevo, pero lo importante es saber levantarse. Porque así somos: frágiles, persistentes, humanos. Solo resta desearles a todos un feliz año 2026. ¡Que al llegar el próximo diciembre podamos mirarnos y felicitarnos de nuevo por seguir aquí, juntos, compartiendo esperanza y vida!

                                                           Antonio González Padilla


 


10 comentarios:

  1. Gracias por recordarnos lo importante. Que no falte la memoria, la solidaridad y la esperanza.

    ResponderEliminar
  2. El lodo que envuelve a todo,afortunadamente hay quien se salva y hace que quien si está envuelto en ese lado salga limpio de el,por quién el lodo no lo envuelve y por quién lo sufre... Feliz año,que nos sigas envolviendo con tu sabiduría y saber estar Antonio.

    ResponderEliminar
  3. Intentaré recordar y reflexionar lo menos posible y que Dios nos lleve de la mano si lo ve bien. Ay qué vida esta como dijo Simplón del Peloponeso.
    Feliz 2026.

    ResponderEliminar
  4. Antonio, un Abrazo en esta noche tan Especial y Feliz día de Año Nuevo 🎶🎵

    ResponderEliminar
  5. Gracias Antonio.
    Os deseo una buena etapa en el año 2026, que nos ofrece una nueva oportunidad para crecer hacia la Plenitud en todo nuestro ser, ayudando a otros que nos necesitan a cumplir también su misión aquí.
    Abrazo.

    ResponderEliminar