ÓRGANOS QUE DONARÉ
El día que yo muera
mis órganos quiero donar
pues allá donde yo voy
no los voy a necesitar.
Quiero donar mi cabeza
a quien la quiera portar,
poco pelo queda en ella
pero más vale falta que "na".
Neuronas algunas quedan
con las que poder pensar,
bien bien, puede que no,
pero más vale algo que "na".
También quiero donar
los ojos con los que vi,
son miopes !es verdad!
aunque a alguno servirá.
Con lentillas o con gafas
algo se podrá observar,
que en una fosa cerrada
en la oscuridad total
no hay mucho que mirar.
Donaré los pulmones y el riñón
y también mi corazón,
que está hecho para amar,
espero que a quien le toque
bien lo sepa utilizar.
Que bombee mucha sangre
y oxigene todo lugar,
y sobre todo que engorde
a miembros y otros órganos
para mejor disfrutar.
Mis manos he de donar
pues cierta sensibilidad
aún conservan con bondad:
manos que han dado algo
aunque podían haber dado más.
Con artrosis en algún dedo
torcido ya por la edad,
pero más vale dedo torcido
con alguna utilidad,
que ser manco y no tener "na".
El pene yo donaré:
!Sea trasplantado a un caído
que recobre el vigor,
el mismo que yo he sentido
y que tanto disfruté!
Pero pido que después,
trasplantado a un semental,
siga dando de qué hablar
entre hembras y gemidos.
!Yo enterrado en una fosa
y mi pene entre los vivos!
Lo que no quiero donar
es mi culo ¡no se hable más!
¿A qué viene esa incredulidad
se podrá el lector preguntar?
Quisiera yo morir con él,
virgen, -como es natural-
después de haber disfrutado
de su función primordial
que no es otra que defecar,
pues me sentaría fatal
que le dieran por detrás,
¡No lo expondré, no se hable más!
pues en este mundo voraz
donde el gusto es desigual,
se ha de ser muy cauteloso:
en él hay gente con gusto variado,
que lo mismo come carne
que también come pescado.
Tampoco donaré mi lengua,
un órgano tan especial,
que lo mismo chupa todo
que no para nunca de hablar.
Siempre dispuesta a chupar,
en verano los helados,
y en invierno las almejas
con champán.
Y si de chupar se trata...
imagínese el lector,
unos se pasan la vida
chupando sin ton ni son,
humillados en su autoestima,
arrodillados ante todo
mendigando un favor.
Siempre hay gente voraz,
que gusta estar de rodillas
en este mundo mendaz:
lo mismo chupa una almeja,
que come y traga caviar,
no importa en qué lugar.
Antonio G. Padilla
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